EL MUNDO DE LOS SUEÑOS

14 junio 2008

LUIS CERNUDA








You´re A Star de LHF


... Well I try not to think about you

And I know I can get on without you

But it all seems to be so hollow

Maybe you'll come back tomorrow ...



Poeta que nace en Sevilla en 1902 y muere en Mexico en 1963. Introvertido y solitario, el exilio acentuó aún más estos rasgos . Su canto a las relaciones amorosas adquirió gran relevancia, por ser el primer poeta peninsular, que admitió su homosexualidad y la cantó libremente. El otro tema que destaca en su obra, es la trascendencia.El ideario cristiano, es reemplazado en su obra, por un punzante escepticismo.


Sé que existen infinidad de maneras de decir " Te quiero", pero una de las formas más bellas de expresarlo, es la que utilizó Luis Cernuda, en uno de sus poemas escritos en 1931 y que bajo el nombre de " Los placeres prohibidos" reunió en el capítulo IV de su libro " La Realidad y el Deseo"




TE QUIERO


Te quiero.



Te lo he dicho con el viento,

jugueteando como animalillo en la arena

o iracundo como órgano tempestuoso;



Te lo he dicho con el sol,

que dora desnudos cuerpos juveniles

y sonríe en todas las cosas inocentes;



Te lo he dicho con las nubes,

frentes melancólicas que sostiene el cielo,

tristezas fugitivas;



Te lo he dicho con las plantas,

leves criaturas transparentes

que se cubren de rubor repentino;



Te lo he dicho con el agua,

vida luminosa que vela un fondo de sombra;

Te lo he dicho con el miedo,

te lo he dicho con la alegría,

con el hastío, con las terribles palabras.



Pero así no me basta;

Más allá de la vida,

quiero decírtelo con la muerte;

Más allá del amor,

quiero decírtelo con el olvido.




05 junio 2008

¿ DONDE ESTA MI SILLONCITO ?

Hola amigos… andaba yo pensando sobre que podía escribir y de pronto el último comentario de El Secretario me dio la pista.

He decidido hablaros de mi vuelta al trabajo…

Efectivamente el lunes volví a trabajar, tras permanecer de baja desde el 12-7-2005.

Mi gran preocupación era saber como iban a responder mis hombros (objeto de dos operaciones). Sin embargo se portaron como jabatos a pesar de que todos los elementos parecían haberse aliado contra mí y de paso contra ellos.

Lo primero que descubrí al entrar en mi despacho a las 7,40 de la mañana fue que mi maravilloso sillón, que me había acompañado desde que inauguré esa oficina en 1988 había sido sustituido por uno nuevo. No estaba mal a simple vista… Ergonómico, de esos materiales actuales que no se pegan, que sirven igual para el frío que para el calor… y eso sí… a juego del despacho… FALTARÍA MÁS. (Al parecer es lo más importante a la hora de elegir un sillón en el que vas a pasar más de 8 horas diarias durante el resto de tus días… )





En los dos cambios de despacho que he sufrido a lo largo de estos años, siempre me negué a abandonar mi sillón, que aquí entre nosotros, nada tenía esto que ver con lo de agarrarme al sillón (al cargo) con uñas y dientes como hacen algunos… NOOOOO… nada que ver con eso. Es que era perfecto, conocía cada una de mis curvitas y se acoplaba a mi cuerpo como un guante. Y además estaba nuevo el pobrecillo y quería seguir pegadito a mí…

Ya en el último cambio, me costó una auténtica batalla dialéctica y personal con el departamento correspondiente, el conseguir que me permitiesen mantener en su lugar al silloncito de marras. Y es que aseguraban que mi sillón no se adaptaba a la nueva línea de la organización… TOCATE LOS PIES… mi pobre sillón teniendo casi que estudiar una carrera para adaptarse a los nuevos tiempos que un iluminado desde Madrid (éste sí, sentado en su poltrona y bien agarrado… no fueran a eliminarlo de un plumazo), había dictaminado era la línea adecuada para que descansaran mis posaderas.





Eso si, nadie se preocupó de analizar la diversidad de plantilla que pulula por mi oficina. Hombres de casi dos metros, junto a alguna mujer de escasos 1,50… Y si hablamos del peso, el abanico abarca desde los 40 hasta los casi 100 kilos.

Y los pobres curritos tienen que tragar con estas imposiciones, aunque las sillas que se adaptan perfectamente a la línea marcada por la organización, nada tengan que ver con la línea marcada y necesitada por sus cuerpos.

Pero no os creáis, somos una organización muy progre, realizamos todos los cursos y cursillos de este mundo y del más allá sobre ergonomía, salud laboral, riesgos laborales, control del estrés, etc… y yo me pregunto… ¿para que, si algo tan sencillo como elegir las sillas adecuadas para cada persona, no somos capaces de llevarlo a la práctica? Porque con tal de que la tapicería fuera igual en todas ellas, no debería de existir más condición al respecto.





Pues en esas disquisiciones estaba yo mientras veía aquel INTRUSO en mi despacho, cuando decidí llevar a la práctica lo que desde hace días había intentado interiorizar de cara a mi vuelta al trabajo. Y es que me conozco y ante las tonterías y los despropósitos me enciendo como una vela. Por ello me había propuesto llevar la calma y ese mundo Zen que tanto me gusta, al despacho.

Me acerqué al pobrecillo sillón...que al fin y al cabo nada tenía que ver con mi guerra y me senté dulcemente. Casi me estampo contra la mesa… el tío tiene un sistema de reprís que ríete tu de los coches… si te recuestas se balancea dulcemente hasta donde quieras, por si las moscas no comprobé hasta donde, porque ya me veía yo estampada en las estanterías posteriores y con las patitas en el techo. Pero cuando decides volver a tu origen te lanza literalmente hacia delante con una fuerza que te deja con la cabeza tiesa mirando de frente como un toro miura a punto de embestir.

Ya me cabreé con el silloncito… Pero decidí seguir probando. La espalda está estudiada… que si bla…bla…bla… resultado… la curva que se supone se debe de adaptar a la curva de mis lumbares, pues resulta que me queda a la altura de la chepa… con lo cual más inclinación aún de mi cuerpo hacia delante…

Mi cabreo para estas alturas ya estaba a punto de estallar y de permitirme sacar la mala leche que me canta cuando las cosas no son como tienen que ser.

Bien… me dije a pesar de todo… no seas terca mujer… haz caso de los entendidos en la materia, seguro que es pronto aún para sacarle todo el partido que al parecer debe de encerrar un sillón tan bien pensado y elegido desde esos despachos de Madrid… piensa que la belleza no esta en el exterior… seguro que el pobre encierra grandes cualidades escondidas esperando que tú las descubras.





Decidí olvidarme del sillón y me puse manos a la obra a intentar ponerme al día en casi 2 metros de normas, reglamentos, circulares, instrucciones, estadísticas, objetivos, inspecciones, auditorias y zarandajas, acumulados religiosamente durante 3 años en un rinconcito la mar de coqueto.

Cada minuto que pasaba mi cuerpo se quejaba y yo me decía… es la falta de costumbre mujer… 3 añazos en el sofá de tu casa de reposo… entre cojines… y en la hermosísima sillita de tu ordenador, con sus bracitos preparados para el reposo de tus hombros… debe de ser que los echas de menos… y seguía leyendo…así seguí hasta casi las 5 de la tarde.

Cuando decidí volver a casa, casi tengo que llamar a una grúa para levantarme del sillón…mi espalda y mis piernas no querían responder.

Por la mañana descubrí que tenía sendas contracturas en la espalda y en las pantorrillas. Y es que como se afanaba el muy truhán en rodar hacia atrás para estamparme contra las estanterías que hay detrás de mi mesa, tuve que hacer fuerza durante horas con los pies contra el reposapiés para no salir lanzada.

Por lo tanto… A ultima hora del martes, puse el tema en conocimiento del servicio médico de empresa, anunciando que me niego a permanecer un día más al lado de semejante enemigo público... O él ... o yo...

Como veis he tenido una entrada triunfal. Ahora me queda la lucha titánica para expulsar a semejante intruso de mis dominios y si es preciso comprarme yo misma un sillón adecuado a la línea de mi cuerpo y no a la línea decorativa que al parecer los Servicios Centrales de mi Organización han lanzado para este año.

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