Música: Spente le Stelle - EMMA SHAPLIN
Fotos: Pizarr
“Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa”
En base a esta máxima, todo sin excepción tenía su lugar en las casas en las que vivió a lo largo de su vida. Al igual que todo sin excepción tenía su lugar en su cerebro.
Sus experiencias, anhelos, sentimientos y vivencias mil, siempre fueron en paralelo a sus casas. Los grandes cambios vitales e internos, siempre fueron acompañados de una nueva casa.
Al tiempo que ella trasladaba objetos de casa en casa, su cerebro se adaptaba al nuevo ciclo vital y recomponía sus archivos.

Lo que hasta ese momento había sido un recuerdo feliz, de pronto pasaba a quedar archivado en el sotanillo cerebral. Las vivencias, anhelos, sentimientos y experiencias felices siempre ocupaban la parte más amplia del apartamento en el que había convertido a su cerebro.
Las cosas negativas, las personas que de alguna manera habían enturbiado sus días, las decepciones, las deslealtades, acababan irremediablemente encerradas en ese sotanillo, del que mejor olvidar incluso donde estaba la llave.
Cuando llegó a su séptima y última casa, mucho más pequeña que la anterior, a María le costó mucho ubicarse, tuvo que desprenderse para ello de todas aquellas cosas para las que no encontró el lugar adecuado.

Aquella mesa inmensa de caoba en la que acostumbraba a realizar todo tipo de manualidades… maquetas… casas de muñecas… rompecabezas gigantes…
Aquellos sueños compartidos con él… también quedaron fuera de esos nuevos muros, sin embargo, expulsarlos del habitáculo de su cerebro en el que durante tantos años habían reposado, fue algo más complicado.
La habitación gimnasio con sus bancos de pesas y su bicicleta tampoco tuvo cabida en su nuevo espacio, como no lo tuvieron los músculos desarrollados por él en aquella habitación.
Por primera vez tras muchos traslados, no conseguía encontrar la ubicación adecuada para cada cosa y nada tenía que ver en este caso la falta de espacio. El problema era mucho más profundo que decidir en que balda o en que cajón ubicar esto o aquello, el verdadero problema fue descubrir que de pronto cada uno de esos objetos materiales que durante tantos años había ido almacenando en sus casas, llevaban consigo el correspondiente archivo de sentimientos.
Por ello no tuvo más remedio que armarse de valor e ir eliminando de su vida, objetos, sentimientos y recuerdos mil que para nada merecían ocupar no solo un espacio físico entre las nuevas paredes, sino un resquicio de los espacios de su cerebro.

Hasta que por fin su vida entró de nuevo en una especie de calma, de paz y armonía interior y exterior. De nuevo coordinó y ordenó sus espacios físicos y sus espacios interiores. De nuevo su cerebro redujo al mínimo el sotanillo en el que almacenar las cosas negativas, porque apenas tenía cosas negativas que archivar.
Sin embargo, poco a poco, algo está cambiando en María en los últimos tiempos, una especie de rebeldía, de voz interior, le provoca continuamente instándole a ser desordenada tanto por dentro como por fuera… y así hay días en los que en cada rincón, en cada mesa, en cada silla de la casa, se amontonan libros, revistas, facturas, apuntes, ropas…a los que María mira de manera desafiante como diciendo ¿que pasa? ¿es que no tengo derecho a transgredir mis propias normas?

En otros momentos son los distintos habitáculos de su cerebro los que se le revelan, de pronto encuentra una idea que debería de estar en una habitación determinada de esa especie de apartamento cerebral que tan bien amuebló en otros tiempos, campando a sus anchas por donde ella cree no debería de hacerlo.
Y es que María está cansada, muy cansada de esa aparente perfección que durante tanto tiempo le ha acompañado, cansada de entregarse cada día en cuerpo y alma hasta casi la extenuación a cuantas causas le rodean . Y por ello en su fuero interno fantasea con ser más libre si es más desordenada…

Pobre María… ni siquiera en medio de ese aparente caos, consigue desordenar su mente y sus espacios. Y es que en cualquier momento acude sin titubeo alguno al lugar exacto en el que se encuentra tal libro, tal factura o tal camisa… incluso a oscuras podría localizar cualquier tipo de objeto. En cualquier momento es capaz de rescatar del habitáculo cerebral, una fecha de cumpleaños, un aniversario, un recuerdo para tal o cual persona…da igual que sus ideas se empeñen en parecer desordenadas… al final siempre están donde deben de estar.
Y es que en el fondo, aquella máxima que tan bien supieron sus padres inculcarle de niña, pesa más de lo que ella nunca hubiera podido imaginar.
“Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa”
Etiquetas: MIS ESCRITOS








































